Diario La Escuadra. Fundado el 25 de Mayo de 2013

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Con nuevo entrenador, el Santo no pudo ganar de local ante un duro Almirante Brown. Mostró algunas pocas señales de mejorías y muchos errores repetidos de otras actuaciones. Una línea de tres improvisada, un solo delantero, la jerarquía de Tino Costa y la capacidad para reaccionar ante un resultado adverso, son algunos de los puntos a destacar de un partidazo que dejó un sabor agridulce en el Pueblo Ciruja.

Había mucha expectativa por el debut de De Muner. Había muchas ganas de ver un equipo revitalizado, con ánimos renovados. Había buenos augurios teniendo en cuenta el último triunfo en Mataderos. Había de todo para hoy, pero más que nada había que ganar, y no pasó.

Fue otro empate en Ciudadela, otro partido más sin triunfos como local. Ya son casi 15 meses y nueve partidos en los que cualquiera que viene se lleva algo. Cualquiera, cualquiera.

Fue otro partido más en los que se vieron pocas diferencias con lo anterior y mucho más de lo mismo. Para rescatar: las reacciones que permitieron empatar dos veces un partido que hasta hace poco no se empataba.

Sin embargo, las similitudes generalizadas al viejo San Martín se hicieron patente en la endeblez de algunos jugadores para disputar las divididas, para marcar en sectores críticos del campo de juego, para imponerse al rival donde y cuando hay que imponerse.
De Muner mandó a la cancha una línea de tres que evoca, inevitablemente, a sus tiempos como líbero bajo las órdenes de Carlos Roldán, como si fuera el Pochettino de la escuela Bielsista, De Muner, queriendo o sin querer, con su planteo trajo recuerdos de tiempos hermosos por Ciudadela.

Pero no alcanzó, porque esas viejas y queridas líneas de tres que supo tener a Noce, Monge y Krikorián; a Noce, el mismo De Muner y Villavicencio; a Mario Nieva, Monge y Mario Vera (hoy asistente del nuevo entrenador); o en otro momento a Luciano González, Monge y Vera, funcionaban, casi todas ellas a la perfección, eran relojitos sincronizados que no fallaban un relevo, un cruce, una dividida, independientemente de la categoría.Hoy pasó todo lo contrario, esta novel línea de tres estuvo desconcertada, desordenada, apática, endeble, vulnerable. Tal vez, el desconcierto se deba, no solo a la falta de práctica, sino a la improvisación exagerada: jugó Lópes por izquierda y Orellana por derecha, al revés que el otro día contra Nueva Chicago donde habían funcionado bien. Es cierto que fue contra un equipo limitado por una expulsión tempranera y que casi no atacó. 

Almirante Brown, en cambio, no se metió atrás y se dispuso a presionar arriba como sabiendo que forzaría errores. A pesar de que a los 20 segundos de juego San Martín tuvo una clarísima en los pies de Daniel González que le quemó las manos al arquero Martínez.
Parecía un arranque demoledor, pero de a poquito el visitante fue saliendo y encontrando espacios a la espalda de Gallucci que no cortaba una. Martín Batallini sacaba a pasear a Orellana a los costados y conseguía infracciones o pelotas paradas que los defensores de San Martín nunca terminaban de despejar.

Así, el partido empezó a jugarse en campo del Santo y Brown dominaba el territorio sin generar demasiado. Solo Santiago Vera inquietó con derechazo perfecto que Arce atajó de manera espectacular.
San Martín, en cambio, ni siquiera era rápido para salir, tuvo algunas chances de contragolpear, pero se quedó sin nafta antes de arrancar. Estigarribia estaba más solo que un policía de la Pellegrini y cuando salía a buscar la pelota dejaba el área totalmente despoblada de camisetas rojas y blancas.

Se veía venir que si Almirante seguía capturando todas las pelotas que quedaban bollando en tres cuartos de cancha, alguna podía terminar mal. Primero un córner llevaba a otro córner, o a un lateral y de ahí a un tiro libre, y de nuevo al córner, y de nuevo a un lateral, todos duermen en la defensa, sacan rápido, otro rebote que cae en los pies de otro jugador visitante que le pega mordido y se desvía en Orellana y gol. Arce parado, Pellerano reniega, todos se miran, Joaquín Ibáñez festeja. El 1 a 0 era tan previsible como evitable con más concentración y más ímpetu para luchar las divididas, pero ya era tarde.

Los 9 minutos que separaron el gol de Ibáñez y el descanso estuvieron casi de más y no pasó nada que merezca ser recordado ahora. El entretiempo le venía bien a los dos: a los visitantes para descansar con la tranquilidad de estar ganando un partido importante y a los locales para barajar y dar de nuevo, para ajustar tuercas y salir mejor al segundo tiempo.
En el complemento, San Martín se adelantó y empezó a conectarse mejor, creció la figura de Tino Costa y el partido se jugó en campo contrario. 

Daniel González tuvo dos buenas escaladas por izquierda: en la primera tiró un centro pasado que Imbert conectó con la cabeza, pero se fue por arriba del travesaño. En la segunda desbordó, y metió un centro atrás perfecto para que Tino Costa la empalme con todo el empeine rompiendo el ángulo de Martínez que voló para la foto sabiendo que tenían que sacar del medio. Golazo de Tino que ya era la figura de la cancha. 

Todo parecía indicar que era el momento de ganarlo, de buscarlo hasta el final. Faltaba mucho, más de 30. Sin embargo, San Martín se fue diluyendo. Daniel González que venía levantando pidió el cambio y Cuevas no desequilibró a nadie más que al mismo cuando se cayó parecía que se iba lesionado, pero siguió jugando. 

Brown volvió a salir, intentó parecerse al del primer tiempo y se adelantó en busca de forzar errores otra vez y lo consiguió. La espalda de Diarte era una invitación a las escaladas y ninguno de los de atrás lo llegaba a cubrir.
Era obvio que una iban a tener y la metieron nomás: Un delantero amagó con ir hacia afuera, dos defensores se comieron el amague y le dejaron todo espacio para que tire un centro venenoso que conectó el paraguayo Wilson Chimeli con un cabezazo fulminante: 2 a 1 y otra derrota se avecinaba.

Parecía lapidario porque últimamente San Martín no venía mostrando respuestas una vez que lo golpeaban. Pero esta vez sí pudo y a los 35 Imbert dominó con el pecho y maestría una pelota bombeada, aguantó la embestida de un defensor y de zurda y con clase la clavó en el segundo palo. Otro gol y 2 a 2 faltando 10. Estigarribia buscó la pelota rápido arengando a los compañeros que no parecían tan apurados como él.

Párrafo aparte para Tino Costa que, con un estado físico muy superior al que nos tenía acostumbrados, viene jugando una cantidad de partidos consecutivos inéditos en sus pasos por San Martín y además los viene aguantando hasta el final, entero y lúcido.
Con esa lucidez habilitó a Gonzalo Rodríguez que quedó mano a mano, pero controló mal, se cerró demasiado, se dejó molestar y encima definió pésimo cuando tenía el arco a su merced. Era el gol de un triunfazo que no fue. Gonzalo erró otroa vez, como tantas veces. Gonzalo el de los goles importantes, pero el de los goles errados más increíbles. Gonzalo, el que cuánto más libre corre y más tiempo tiene, más se equivoca. Gonzalo, el que cuando piensa pierde. Gonzalo el que genera amores y odios, alegrías y fastidios, el que nunca te deja en banda, pero a veces sí. Hoy tuvo una de esas que le dan la razón a sus detractores y que avergënzan a sus defensores de siempre. Gonzalo es así, una cal, mil de arena, pero al final siempre está. 

Así se escurrió entre los dedos una chance inmejorable de romper una racha adversa en Ciudadela que ya es la peor de la historia con 9 sin ganar.

De Muner no cumplió con el axioma que dice “técnico que debuta gana”, pero al menos no perdió y encontró el empate dos veces ante un rival que mostró cualidades interesantes.

Quedó claro que hay mucho por mejorar y por suerte para el DT, el Santo queda libre la fecha que viene lo que le da tiempo de sumar horas de prácticas antes de avanzar con los compromisos. El próximo es Belgrano en Córdoba: ¿Durísimo?… Veremos.