Además de Darío Suárez, detenido desde el domingo por la desaparición de la adolescente, también fueron aprehendidas su pareja, su suegra y una prima de ella. El fiscal ordenó que revisen cada rincón de la cortada donde trabaja el sospechoso: temen que la haya quemado para borrar rastros.

“Viva la queremos”, decía un cartel con la foto de Daiana Abigail Garnica; estaba pegado en la puerta de su casa, en el asentamiento Julio Abraham de Alderetes. Justo enfrente, cruzando una estrecha calle de tierra, otro afiche colgaba de un alambrado, donde vive el sospechoso de haberla hecho desaparecer. “Cadena Perpetua para Darío Suárez”, pedía. A casi 500 metros del barrio, mientras tanto, policías y perros rastreadores buscaban cualquier pista de la jovencita de 17 años en una cortada de ladrillos.

Daiana trabaja como empleada doméstica, cama adentro, para una familia de la capital. El sábado había regresado a su casa de Alderetes para pasar el fin de semana con su familia, donde estuvo hasta las 19. A esa hora, Darío le mandó un mensaje de texto. “Necesito que me acompañes a comprar una sorpresa para mi mamá. Esperame en el refugio, pero no le cuentes a nadie”, le escribió. “Decí que ella igual le contó a mi mamá y se olvidó el teléfono en la casa. Así pudimos leer el mensaje. Después supimos que no tiene madre”, comentó ayer Joel Garnica, hermano de la jovencita desaparecida, mientras les pedía a los vecinos que levanten el corte de tránsito con el que reclamaban su aparición. “Hay gente que necesita pasar para ir a trabajar”, les decía.

Joel explicó que conocen a Darío desde que se mudaron a Alderetes y que el hombre es amigo de la familia. Silvia Garnica, también hermana de Daiana, aseguró que su vecino estaba obsesionado con la jovencita. “Hablaba todo el tiempo de Daiana, a mi hijita cada vez que la veía le preguntaba por ella. Sí tenían confianza, pero yo sé como es mi hermana”, sostuvo.

“Negó todo”

El sábado a la noche, al ver que Daiana no volvía, sus familiares comenzaron a preocuparse. Alrededor de las 23, Joel se acercó a su vecino y le preguntó por ella. “Me negó todo, dijo que no había estado con ella, estaba nervioso y se puso a gritar. Después desapareció”, contó el joven.

Acto seguido, la familia se presentó en la comisaría. “Hicimos la denuncia pero no nos querían dar el acta porque decían que no tenían sello, que volviéramos el lunes. Pero no íbamos a esperar todo el fin de semana, así que nos fuimos directamente a Trata de Personas”, agregó Joel.

Al sospechoso se le dictó la detención en la tarde de ayer. Al cierre de esta edición, las mujeres seguían declarando y no se había definido su situación procesal.

El horno

Elena Villarreal, cuñada de Darío, comentó que el sábado a la tarde lo vio en la moto junto a un tal “Sapo”. “Después vino ‘Sapo’ recién bañado y cambiado. Volvieron a salir y Darío le dijo a mi mamá que lo espere en la cortada”, relató la mujer. Según aclaró, Darío trabaja en la cortada y debía pasar la noche allí “quemando el tabique”, por eso le había pedido a su suegra que lo acompañara.

Como la mañana siguiente el barrio estaba convulsionado y todas las acusaciones estaban dirigidas a él, Darío se presentó en la comisaría y quedó aprehendido. Por la noche, la Policía allanó su casa y aprehendió a tres personas más: la pareja del hombre, una prima y la madre de la mujer. Los investigadores temían que Darío haya asesinado a Daiana y haya quemado sus restos en el horno de la cortada. También sospechaban que las tres mujeres lo estaban encubriendo.

Por orden del fiscal Claudio Bonari, ayer a la tarde unas 150 personas -entre vigías de Banda del Río Salí, Bomberos y policías de varias divisiones- comenzaron a desarmar el tabique para saber si la muchacha había sido arrojada al interior. Es que las casi seis hectáreas del terreno ya habían sido rastrilladas pero no se encontró nada. Mientras tanto, personal de la división Homicidios, encabezada por los comisarios Hugo Cabeza, Sergio Suárez, Daniel Cuellar y Diego Bernachi, avanzaba con la investigación.

“A mi hermana le echaba agua hirviendo y la golpeaba”

“Un montón de veces me dijeron que no sirve ese chango, que es una mala persona”. Daiana Villarreal se refería a su cuñado, Darío Suárez, el principal sospechoso de haber hecho desaparecer a Daiana Garnica. El hombre fue pareja de dos de las hermanas de Villarreal y todavía mantiene el vínculo con una de ellas, quien fue aprehendida por este mismo caso.

Villarreal contó que su cuñado es santiagueño, que tiene 40 años y por lo menos seis hijos. “Creemos que allá en Santiago tiene varios hijos más”, apuntó.

La mujer no tiene más que malos recuerdos de su cuñado. “A mi hermana le echaba agua hirviendo y la golpeaba, una vez le abrió la cabeza de un fierrazo. A mi mamá también la sacó a empujones una vez que se metió porque les estaba pegando a los chicos”, relató Villarreal, y aseguró que en alguna oportunidad lo denunciaron por violencia de género.

Pero las críticas hacia Darío Suárez no terminaron ahí. Villarreal y su otra hermana, Elena, lo acusaron de ladrón. Dijeron que el hombre se cansó de robarles a ellas y a su madre. “Nos sacó una máquina de coser, el DVD, celulares, una gorra de mi hermano, las ollas, un montón cosas”, enumeraron.

Al respecto, Daiana Villarreal recordó que una vez lo sorprendió robándole $ 300. “Siempre desaparecían cosas de la casa y me acusaban a mí, por eso me fui de acá”, dijo la mujer, embarazada. “Pero yo siempre decía: ‘Dios hace ver las cosas’ y mire las cosas que está haciendo ver ahora”, agregó.