Hizo tanto calor ayer en la llegada de la competencia a Tucumán, que los visitantes pasaron por todas las sensaciones posibles de agobio.

Si vale llevar agua para el propio molino, habrá que decir que el 3 de enero de 2017 el Rally Dakar descubrió el infierno. No hablamos de los “40 y pico” grados imperantes en su paso (bien temprano) por Santiago del Estero. Es por los “casi 50” que sintieron todos, absolutamente todos los que vieron pasar la caravana en caminos, calles, avenidas, veredas, plazas, campos, y los que se “animaron” a ir al vivac del hipódromo.

¡Pero qué calor, tío!

José Luis Espinosa, el “Caballeros Negro”, con dos Dakar encima, es el único español en Cuatriciclos. Llegó al vivac en estado de demolición. Sus largos cabellos eran como ramas de un sauce puestas en su frente. Pidió algo de beber, mientras se desprendía las botas. Hasta vapor se vio salir de ellas.

“Sore wa atsui ne!”

El japonés Hiroshi Nakajima se secaba la transpiración y abría desmesuradamente los ojos, a la espera de una reparadora limonada tucumana servida en la ardiente carpa de Turismo de la Nación. Apenas si podía imaginarse minutos después, expuesto de nuevo al sol, asistiendo la moto de su compatriota Shinnosuke Kazama, 110° en la etapa de ayer.

Mon Dieu! Quelle chaleur!

El francés es la lengua materna del Dakar. Y en un vivac se la escucha en todos lados. Ayer, a la expresión también. Alain Le Clerc, manos en jarra, esperaba “clientes” en la gomería dakariana. Y miraba al cielo tucumano de las 15 de ayer, con apenas algunas nubes, pero flotando sobre los cerros. Meneaba la cabeza. Y repetía la frase, como una letanía.

“Eto zharko!”

Un ruso de piel blanca y nariz roja, apenas visible en un gorrito dakariano, iba y volvía del área de informaciones para saber qué pasaba con sus “chicos” de Kamaz, que habrían de llegar bien entrada la tarde. Dimitri Ivanov, su nombre. Le costó nombrar Tucumán. Pero lo recordará como ese lugar donde transpirar y resignarse son la misma cosa.

“¡Que calor!

Misma forma de escribir, aunque sin acento, pronunciado distinto al español. La expresión en portugués, sin embargo, no escapaba al común denominador de un sufriente dakariano, en este caso el brasileño Marcelo Medeiros, ganador en la etapa 1 de Cuatriciclos y 4° ayer. Llegó al vivac antes que su equipo, dejó la moto en exposición al sol y él fue a cobijarse en el primer alero que vio libre. No habrá sido una palmera de alguna playa de su país, pero servió.

“Het is warm!”

Los holandeses se mueven en grupo y son muchos. Hablan con voz alta, toman cerveza, se rien. Ayer no tanto. Como si el compositor Richard Wagner hubiesa escrito para ellos “El holandés errante”, se los vio deambular apenas. Adriaan Vanderbilt, asistente de Bastiaan Nijen Twilhaar (piloto de Cuatriciclos) era un ejemplo. Sentado en la zona de servicios, en un banco ardiente de madera, veía los trozos de leña apilados en el centro de lugar para ser encendidos anoche en el tradicional fogón de despedida. “Creo que con este calor los voy a ver arder sin ayuda”, dijo.

 

 

La Gaceta