Por Andrés Zulueta. El autor analiza el posible escenario parlamentario post-elecciones y sostiene que “lo más atractivo y el verdadero debate se lleva a cabo en las provincias”.
16 de julio de 2015
El desarrollo de las elecciones provinciales es un claro adelanto del futuro político argentino. Octubre confirmará lo que todos sospechan: el próximo presidente, sea del signo que sea, no contará con una mayoría amplia en el Congreso Nacional y será difícil imponer leyes sin apostar al dialogo entre diferentes fuerzas políticas. La clave, tal vez, no estará en discutir en los pasillos del Palacio del “kilómetro 0” sino en retornar al “mano a mano” con cada uno de los caudillos provinciales.
El supuesto plan del kirchnerismo duro para lograr un bloque sólido y numeroso en ambas cámaras parece vacilar.Los apoyos explícitos, incluyendo fotos, anuncios de obras y visitas de la Presidenta a candidatos provinciales no viene dando frutos esperados. La victoria de Bertone en Tierra del Fuego y Urtubey en Salta no alcanzan para contrastar las derrotas de Bermejo en Mendoza, Perotti en Santa Fe, Accastello en Córdoba, Rioseco en Neuquén, Pichetto en Rio Negro, Recalde en CABA, y Bruna en la Pampa (que ni siquiera supero la interna contra el Senador Verna).

Para colmo, la imposición de candidatos de la Campora en las listas del FpV ha dejado algunos hechos al menos llamativos. No solo las candidaturas de Mendoza eyectaron al histórico Mazzón sino también generaron pequeños temblores en diferentes puntos del País. Las probabilidades de éxito de la candidatura de la joven pampeana camporista María Luz Alonso a Senadora Nacional parecen irse a pique luego de la victoria que se adjudicó Verna en las internas y el fallo favorable de la Cámara Electoral que habilitó a llevar a Daniel Scioli con una boleta que impulsa junto a otros históricos sectores justicialistas. El exgobernador Rubén Marín, parte de este acuerdo, rechazó la fórmula de Alonso al afirmar que “en Buenos Aires nos quieren manotear los cargos”.

En Chubut, las aspiraciones del intendente de Comodoro Rivadavia a integrar un lugar en la lista nacional quedaron truncas luego que el elegido fue un desconocido Jefe de Anses, Santiago Igón, con pocos años de residencia en la provincia y con cercana amistad con Wado de Pedro. Esta lista tampoco las tiene fácil frente a otra que impulsa Mario Das Neves, quien fuera elegido diputado en las últimas elecciones con el 55% y tiene grandes posibilidades de volver a ocupar el sillón de Gobernador.

Quizás se pueda afirmar que ambas son provincias con escaso peso electoral ya que ninguna supera el punto porcentual del padrón electoral. Misma suerte corren las otras cuatro provincias patagónicas pero el peso que tienen en el Congreso puede resultar elemental para cualquier definición en la cámara alta.

Si la mayoría de las encuestadoras están en lo cierto, Daniel Scioli corre al momento con una pequeña ventaja en la carrera presidencial y estas elecciones, que vienen bajas en el nivel de propuestas concretas y debate, transcurren sin demasiados sobresaltos. Esto conduce a que los candidatos que quieren llegar al sillón de Rivadavia, por momentos, no logren diferenciarse demasiado uno del otro.

Lo más atractivo de estas elecciones y el verdadero debate se lleva a cabo en las provincias. El modelo de delegado del poder central y gobernador sumiso parece que dejará de ser una moda en la Argentina post 25 de Octubre. En otras palabras, el próximo presidente deberá lidiar con caudillos y líderes con verdadero carisma y protagonismo. Leyes como la de presupuesto, superpoderes y facultades delegadas no tendrían un trámite tan express como se ha venido dando. El desafío será superior pero si cada uno lográ dejar de lado el ego y apuesta más a la construcción y a la articulación entre la Nación y Provincias, las ventajas saldrán a la luz en términos de gobernabilidad y una mejor democracia.

Fuente:http://www.parlamentario.com/