El Informe de Bancos difundido ayer por el Banco Central ofrece un valioso dato para saber cuánto ganaron las entidades financieras con la primera vuelta de la megadevaluación del gobierno de Mauricio Macri: en diciembre, las utilidades acumuladas sumaron 4847 millones de pesos por esa medida cambiaria.

Las ganancias no fueron todavía más abultadas porque la gestión anterior de la autoridad monetaria obligó a los bancos a desprenderse de activos dolarizados. Pese a ello, las ganancias en el rubro “diferencia de cotización” subieron 528 por ciento respecto de noviembre, mes previo al fortísimo ajuste de la paridad cambiaria.

La extraordinaria rentabilidad entregada a los bancos en un solo mes (equivalente al 3,2 por ciento del activo neteado –activo y pasivo se netean de las duplicaciones contables por operaciones de pase, a término y al contado a liquidar–) es una de las consecuencias de lo que algunos califican livianamente como un “éxito” la salida del denominado “cepo”.

La megadevaluación ha provocado una importante redistribución regresiva del ingreso. Una manifestación de esa transferencia a sectores concentrados es la abultada ganancia contabilizada por los bancos. Además de anotar esa utilidad equivalente al 65 por ciento del total registrada en el último mes del año, el sistema financiero fue beneficiado con una batería de medidas que le permite estar tranquilos con que han recuperado el control del Banco Central:

n La desarticulación del sistema de administración del mercado cambiario.

n La eliminación del control de capitales.

n La liberación en la fijación de la tasa de interés y de las comisiones.

n La determinación de poner fin a la obligación de ingresar o de liquidar en el mercado de cambios las divisas obtenidas por deudas financieras captadas en el exterior.

n La desregulación total para el ingreso y salida de fondos externos.

El sistema financiero consiguió así el marco para desarrollar sus negocios en condiciones aún más favorables que durante el gobierno anterior. Pero eso no es todo. La nueva conducción del Banco Central ha desarmado funcionalmente la superintendencia de entidades financieras y cambiarias, relajando los controles y fiscalización (por caso, despidieron a gran parte del personal que se encargaba de investigar y perseguir las “cuevas”). La banca puede ahora anotar otro triunfo: la Unidad de Información Financiera (UIF) que tiene la misión de combatir el lavado de dinero empezó a ser desarticulada con despidos focalizados en las áreas que se ocupan de investigar ese delito, pecado que los bancos conocen bien de qué se trata.