Si las penas compartidas son medias penas y las alegrías compartidas son dobles, entonces Los Tarcos y Universitario tienen mucho para contar. Porque ambos tuvieron que atravesar muchos momentos difíciles antes de reencontrarse con la gloria ayer, en la final del Regional “Luis Brandán” disputada en Huirapuca, donde ambos se adjudicaron la Copa de Oro LA GACETA. Para los “Rojos”, fue el final de una sequía de 12 años sin ganar el torneo. Y para las “Serpientes” fue la revancha por la final perdida el año pasado y la confirmación como club más ganador de la región.

La ventaja de cuatro puntos con la que llegaba Tarcos obligaba a Universitario a vencer a Huirapuca. Pero la “U” se encontró con un rival que, pese a no tener chances, salió a jugar con muchísima actitud, aceptando la propuesta de abrir la pelota hacia las puntas. Tan bien lo hizo “Huira” que anotó tres tries en el primer tiempo y dejó a la hinchada “roja” con el grito de campeón a punto de salir. Sin embargo, “Uni” salió hecho una furia en el complemento y se largó a jugar de todos lados, aprovechando la superioridad numérica que le dio la expulsión de Gabriel Herrera en la primera parte. Huirapuca se vio física y mentalmente superado por la “U”, que no solo dio vuelta el resultado sino que además quedó provisoriamente como líder tras marcar seis tries en esa segunda parte y llevarse el bonus.

El obligado, entonces, era Los Tarcos. Consciente de que si no sumaba al menos un punto se quedaría sin nada, el “Rojo” entró a mil por hora, no dándole tiempo a Tucumán Rugby ni de respirar. Sin embargo, esa aceleración lo llevó a descuidarse y a ser presa de los veloces tres cuartos “verdinegros”, en especial de Augusto López Salas, que anotó dos tries y las conversiones de otros dos. Pintaba fulera la mano para los del ex aeropuerto, que perdían por 15 puntos al iniciarse el complemento. Con la enjundia que los caracteriza, lograron reducirla a ocho, pero con eso no alcanzaba. El tiempo corrió y la tan temida corneta sonó. Con la pelota en su poder, Tarcos la cuidó como oro puro y empujó hasta forzar el penal queJoaquín Riera, frente a los palos, mandó a guardar. Allí terminó la agonía y empezó la fiesta.

 

 

 

La Gaceta