A 70 años de la salida de Clarín, una entrevista con Martín Sivak, autor de “Clarín, una historia” y “La era Magnetto” dos imprescindibles libros sobre la historia política y periodística del diario fundado por Roberto Noble en 1945.

La aparción de “Clarín, una historia” de Martín Sivak, en 2013 fue un acontecimiento, era la primera vez que una investigación académica y periodística encaraba el desafío de dar cuenta de la historia del diario Clarín no en clave ensayística sino desde un trabajo de investigación muy robusto. La tarea, a todas luces satisfactoria por el nivel de documentación de ese volumen, se completó este año con el segundo tomo, “La era Magnetto”, que no le va en saga.

El 28 de agosto de 1945, hace exactamente 70 años, salía a la calle por primera vez el diario Clarín. A propósito de esa efeméride, conversamos con el autor sobre la historia, sobre su vínculo con la política, sobre “las eras del diario” y sobre los debates en torno al Grupo en los últimos años.

Télam: Hablemos  primero de las eras de Clarín

Martín Sivak: Clarín tuvo tres etapas muy marcadas: la primera que es la de Noble, que va del 45 al 69, la segunda, cuyo protagonista es Rogelio Frigerio, desde 1969 hasta 1982;  y la tercera es la era de Héctor Magnetto, del 82 hasta hoy.

En la primera etapa, el rasgo distintivo es que Clarín nació como un diario para que Roberto Noble pudiera volver a la escena pública y apuntalar su proyecto presidencial. La segunda etapa arranca después de la muerte de Noble en 1969. Él elige como sucesora a Ernestina Herrera de Noble y el diario funciona como un iluminador de desarrollismo, más específicamente del MID (Movimiento de Integración y Desarrollo) que conducían el propio Frigerio y Arturo Frondizi. En esos años Clarín intentó desplegar la agenda desarrollista en sus páginas. Magnetto, que entra en 1972 como un contador militante, miembro de ese grupo político, es el responsable en el año 82, por orden de la Directora, de despedir a sus viejos compañeros e iniciar la tercera fase que es la de la expansión; una fase menos ideológica, que es el momento donde Magnetto desarrolla su proyecto de expansión empresarial que es el proyecto más ambicioso e importante de la prensa gráfica del siglo XX.

Magnetto se da cuenta que, para su proyecto de expansión, que las élites vieran a Clarín como el diario de Rogelio Frigerio, era un problema. Clarín debía estar más liviano, tener menos compromisos partidarios. Entonces, despedido el MID, lo que hace Magnetto es presentar al diario como un medio independiente. Esta caracterización de Clarín como un diario independiente es algo que aparece con fuerza desde 1979. Ese año el diario organiza el partido celebratorio de la Copa del Mundo y se lo empezó a vincular a la dictadura por el apoyo que le había dado y por Papel Prensa, y entonces Magnetto y la directora responden con la idea de la independencia. En el 82, cuando despiden al frigerismo, esta idea se consolida con fuerza. La idea es que Clarín es una empresa que ya no depende de nadie. Ahí Magnetto se vuelve más flexible ideológicamente. Al mismo tiempo, el desarrollismo siempre lo ayudó a tener un paraguas ideológico muy amplio. No conozco a nadie que se defina como anti desarrollista. Desde ese lugar, Magnetto apoyó políticas de los distintos gobiernos, pero se fue volviendo cada vez más pragmático.

T: ¿Cuáles serían la características más salientes de “la era Magnetto”?

MS: La era Magnetto se caracteriza por pedidos que se hacen invocando el interés general sin especificar que en realidad es por un interés particular.  En los 80 hay un lobby muy fuerte de Clarín, formal e informal, ante los tres poderes de la República, para cambiar el artículo 45 de la vieja Ley de Radiodifusión. Magnetto, y en esto es una adelantado respecto de todos los otros empresarios de medios del país, ve que la salida es el ingreso al mundo audiovisual. Hay una famosa frase de él: “Solo con el diario, Clarín se muere”. Ese lobby consigue en el año 85 que Clarín entre a Radio Mitre en una situación totalmente irregular porque la ley lo prohibía. Pero la presión logra que el gobierno no judicialice esa situación. Al mismo tiempo, el gobierno tolera eso pero no acepta bajo ningún punto de vista modificar el artículo 45 para que el Clarín entrara a Canal 13, que es un lugar que Magnetto siempre codició.

“Esta caracterización de Clarín como un diario independiente es algo que aparece con fuerza desde 1979. Ese año el diario organiza el partido celebratorio de la Copa del Mundo y se lo empezó a vincular a la dictadura por el apoyo que le había dado y por Papel Prensa, y entonces Magnetto y la directora responden con la idea de la independencia”.

La década del 80 está signada por esa presión y por una muy mala relación entre el gobierno de Alfonsín y Clarín, que va a ser un férreo opositor desde el comienzo del gobierno hasta sus horas finales. El diario fue crítico de la política económica, de la política sindical, no defendió enfáticamente a Alfonsín en la Semana Santa del 87 durante el alzamiento Carapintada, siempre fue muy opositor.

T: Sin embargo, Clarín finalmente consigue que se abra la privatización de los canales…

MS: En el 89, si uno ve las campañas de los dos principales candidatos, estaban todos a favor de la privatización de los canales, es decir, había un consenso social y político para eso. Lo que consigue Clarín es que se abra la privatización con Menem y ahí, en ese contexto, comience el ciclo de expansión en el que entra a muchos negocios, de los cuales el más importante es el del cable aun hasta hoy.

En los 90 lo que también pasa es que es un momento de renovación de su conducción periodística que viene de la mano de un discurso modernizador y de mejora de la calidad. Hay una idea fuerte de hacer un mejor diario, y la calidad mejora notablemente. Al mismo tiempo, es un Clarín “progresista” que en el amplio mar del antimenemismo consigue aparecer como en una oposición sensata y de amplia influencia. Ese es el momento de gran hegemonía del diario.

En 1995 cuando el diario cumple 50 años, las 5000 personas mas importantes del país acuden a una invitación en la planta Zepita, en Barracas. Es un momento de gran popularidad y de gran prestigio que el diario, por distintas circunstancias, irá perdiendo con los años.

Ese Clarín, con la recesión desde 1998 y la crisis del 2001 se tiene que reacomodar al nuevo tiempo. Tiene que reordenar su economía y reestructurar su deuda. En el año 2000, el diario, que históricamente fue muy poco proclive a tolerar la actividad sindical, despide a toda la comisión sindical interna.

Los primeros años de la década de 2000 son de zozobra, básicamente por una deuda en dólares muy alta. En 2001 Clarín consigue dos cosas muy importantes:  que se sancione una Ley de Bienes Culturales y renegociar su deuda. Ahí comienza un nuevo ciclo expansivo que arranca en 2003/04 y se detiene en en inicio el conflicto con el gobierno en 2008.

T: En el libro decís que Clarín tiene poder, entro otras cosas, porque tiene audiencias. El diario siempre ha tenido olfato para “hablarle a la gente” ¿Cómo se construye ese “gentismo”?

MS: En el año 76, Clarín ya es uno de los diarios más leídos del país, y durante la dictadura aumenta de 400 a 600 mil lectores en un contexto, además, de retracción de lectura. En esos años el diario entiende que deportes y espectáculos son los lugares donde Clarín va a respirar y consigue aumentar su audiencia. Después, durante toda la década del 80, sigue creciendo y cuando empieza a controlar otros medios en radio y televisión mantiene esa popularidad.

Lo de la “gente”, como muchas cosas en el periodismo, nace medio por azar. Clarín podría haber usado “sociedad argentina”, pero Roberto Guareschi, que fue secretario de redacción del diario durante muchos años, vio una encuesta y decidió ir con “gente”, y resultó tanto que la palabra hasta terminó convertida en una caricatura por su uso desmedido. “Gente” se usó mucho también, entre otras cosas, porque es una palabra corta para titular.

Clarín está muy asociado a la clase media, pero el diario se ha visto a sí mismo, sobre todo desde la mitad de los 80, como un diario multitarget, es decir, un diario que tiene una audiencia socialmente diversa.

Es cierto que, sobre todo en la clase política, se ve a Clarín como “el propietario” de la clase media, y hay cierta sensibilidad de la clase media en muchos de los giros de Clarín. Pero yo no diría taxativamente que Clarín es el diario de la clase media, lo ha sido más a veces y menos otras. Pero sí la idea de “gente” es una cosa muy consolidada y sobre todo en los 90, eso de “lo que quiere la gente”, que aparece incluso en los propios editores.

T: Hay un equívoco que supone que a Clarín se lo cuestiona desde 2008 como si nunca antes esto hubiera sucedido. Pero hubo otros momentos de fuerte crítica al diario. Pienso, sin ir muy lejos, en la “operación Barcelona” que es un revista que aparece en 2003 y en sus comienzos está muy presente un modo de la sátira a Clarín. ¿Qué otros momentos de crítica al diario hubo?

Hay como un suerte de distintos modos del “anticlarinismo”. Desde Carlos Bilardo, que estaba obsesionado con las críticas que le hacía el diario y de hecho me contó en el libro que le pedía a los canillitas de la Av. Corrientes que cuando la tapa del diario lo criticaba lo dieran vuelta y pusieran los chistes.

También está el libro de Jorge Asís, Diario de la Argentina, de 1984, que es el el primer texto que cuestiona el sistema de poder de Clarín. Otro es Julio Ramos, que desde las páginas de Ámbito Financiero, con la denuncia del monopolio, del abuso de la posición dominante, etc., consigue que Clarín por primera vez sea un tema de la política. En ese entonces, Magnetto elige no contestarle porque ese fue siempre la forma que él tuvo para demostrar su poder. En el 2000 la cuestión gremial con los despidos de los trabajadores y de la comisión interna también tuvo algún rebote.

Dentro e la empresa, en los focus group que ellos hacen, ya en 2001 empiezan a aparecer algunos cuestionamientos tenues. Después de la caída de De la Rua circula mucho una pintada que decía “Nos mean y Clarín dice que llueve”, pero son críticas más bien aisladas.

Y, por supuesto, la revista Barcelona, que en un primer momento captura un poco la impugnación a Clarín desde cierto periodismo ilustrado que criticaba ese estilo del diario que había sido tan eficaz.

“Ellos leen que el objetivo de máxima del gobierno implica el fin del diario y deciden este periodismo de guerra donde se anulan los matices absolutamente, y se emprende esta suerte de discurso sobre la agonía permanente del gobierno”.

T: Clarín decide, desde hace aproximadamente siete años, que el país se incendie en cada una de sus tapas, lo que significa, entre muchas otras cosas, un desafío a sus propios lectores, que siempre buscaron otro tipo de discurso sobre “el estado de la nación” ¿Cómo pensás vos esa decisión?

Es un increscendo. El punto de quiebre es la crisis del campo en 2008, pero incluso si vos mirás el canal TN entonces, el diario es bastante más moderado, sobre todo si lo comparás con lo que vino después. De hecho, los mayores enojos de Kirchner eran con TN, en un principio. Después lo que pasa es que el diario siente que hay un gobierno que quiere terminar con él, porque en su mirada el proyecto era que empresarios afines compren Clarín o que Magnetto termine preso por Papel Prensa. Ellos leen que el objetivo de máxima del gobierno implica el fin del diario y deciden este periodismo de guerra donde se anulan los matices absolutamente, y se emprende esta suerte de discurso sobre la agonía permanente del gobierno. Lo que también es nuevo es esta lectura tan equivocada sobre la situación política. Cuando en 2008 empiezan con el tema del fin de ciclo evidentemente era una lectura equivocada, aunque no fue un error solo de Clarín.

Y después es cierto que Clarín deja de pensar en ese lector menos interesado en la política aunque, paradójicamente, el diario es muy influyente entre políticos y empresarios, justamente por su llegada a estos sectores menos interesados. En términos reales, y estos son datos de la empresa, desde el comienzo del conflicto perdieron 200 mil lectores, y ellos dicen que solo 20 mil son por la identificación de esos lectores con las políticas del gobierno. Ahí dos cosas: es cierto que hay una crisis de la industria, y también es cierto que Clarín perdió lectores pero Radio Mitre ha ganado oyentes y el 13 sigue teniendo una audiencia muy consolidada.

T: La relación entre Clarin y el kirchnerismo, sobre todo a partir de 2008, está teñida de una cierta mirada moralizante, y en mi criterio, despolitizadora del conflicto. Un “antes estaban bien y ahora están mal” como si eso fuera un capricho. Otra hipótesis para pensar el conflicto es que la radicalización de ciertas políticas, sobre todo en los mandatos de Cristina, llevaron necesariamente a una disputa con el establishment económico y, por ende, con el Grupo Clarín como miembro central de ese bloque de poder. ¿Cómo lo ves vos?

MS: Yo creo que ambas miradas no son incompatibles, y cuando yo hablo de negocios entre empresas y Estado no lo hago desde un lugar moral. Simplemente trato de describir que parte del conflicto tiene que ver con una relación endogámica y de negocios que se estableció con el primer kirchnerismo. Siempre Cristina Fernández se mantuvo en la distancia y la confrontación con Clarín, de hecho el vínculo cotidiano formó parte más del estilo de Néstor Kirchner que de Cristina. Al mismo tiempo, al gobierno le resultó políticamente muy redituable tener un malo perfecto -Magneto aparece como un malo perfecto de época- que le permitió también menoscabar a la oposición. Y también, en ese momento de radicalización política -como señalás- una pelea con un medio es una discusión día a día, y para el estilo de este gobierno eso ha sido muy redituable. Creo al mismo tiempo que en esta radicalización, la desconcentración de medios no se produjo, sigue habiendo un mercado muy concentrado. Sí el gobierno de Cristina ha sido muy eficaz en dañar económicamente a Clarín, sí ha conseguido ser muy eficaz en discutir la imagen de Clarín y en sacar a Magnetto del anonimato, aunque las cuestiones más de fondo no han variado.

T: Otra lectura posible -y que también se hace- es que en todos los gobiernos post neoliberales –y el kirchnerismo claramente lo es- en los que la propia crisis se llevó puesto el sistema de partidos, los medios de comunicación concentrados quedaron de hecho como la representación de la oposición política en cada país. Esto dicho haciendo la salvedad de las enormes diferencias que cada experiencia política en cada país tiene con el resto.

Yo creo que hay una cuestión estructural que los diferencia, por ejemplo, en el caso de Brasil o de México, los grandes conglomerados de medios no tienen como prioridad los contenidos políticos. Por eso Televisa y O Globo han tenido una relación más o menos buena con todos los gobiernos. Eso es distinto del caso de Clarín donde el peso de la política es muy otro. En todo caso, cuando los medios hacen operaciones como la de la revista Veja con Lula y Dilma un día antes de la elecciones, eso habla más de la debilidad de Veja que de su fortaleza. (Nota del editor: la revista Veja, una de las de mayor circulación de Brasil, adelantó una edición y publicó el día antes de la elección presidencial una tapa en la que se intentaba involucrar a Dilma Rousseff y a Lula con un caso de corrupción). No existe caso en la historia reciente de América Latina en que una tapa o una nota tuerzan una elección. Me parece que son gestos agónicos y desesperados. Chávez, por ejemplo, llegó a un acuerdo de convivencia con Cisneros, el principal dueño de medios. Evo Morales desactivó cualquier conflicto porque se dio cuenta que los medios no tenían gran relevancia, y que el problema eran la elites regionales del oriente. Me parece que el caso más radical es el de Correa en Ecuador porque la ley que él impulsó regula los contenidos. Nadie llegó tan lejos.

De todas formas, yo diría que es novedoso que todos los gobiernos de izquierda de la región se hayan enfrentado a los medios, pero no creo que esos medios hayan reemplazado a los partidos políticos de la oposición.

Hay una frase de Noble que dijo: “Yo no puedo ser presidente, pero puedo hacer presidentes”. Esa es una ilusión que no funcionó nunca. Noble no hizo ningún presidente, y Clarín en la era Magnetto tuvo apuestas erradas: Luder en el 83, Bordón en el 95, cualquiera de los candidatos opositores a Cristina en 2011, ahora en la PASO de 2015. Lo que sí es relevante es la ilusión de muchos dirigentes políticos de buscar el acompañamiento de Clarín en la suposición de que eso da mayor gobernabilidad, genera el acompañamiento de la clase media, etc. Esto contradice un poco la idea de Clarín siempre acechando a los gobiernos, muchas veces los gobiernos fueron a buscar a Clarín y ahí estuvo la habilidad de Magnetto para gestionar esas negociaciones.

¿Quién es Magnetto?

Lo que más me sorprendió de esos encuentros es que él en 35 años no dio casi entrevistas y construyó su invisibilidad, pero cuando lo escuché dar sus argumentos, con el énfasis que lo hacía, me dí cuenta que es alguien que podría argumentar en público. Se trata de una persona perfectamente preparada para soportar las preguntas de cualquier periodista. Eso me llamó la atención.

Otra cosa que me llamó la atención es la idea que él tiene de que sus medios fueron una especie de resistencia civil a un proyecto de tiranía. Magnetto está convencido que hay un proyecto totalitario en ciernes y que Clarín es vital para terminarlo y él espera un reconocimiento que hasta ahora no aparece. Magnetto esperaba mucha más solidaridad de los empresarios, de la clase política y de sus propios pares, los empresarios de medios, y cree que no la hubo. El tema es que por el estilo empresarial previo al kirchnerismo, Clarín fue siempre una empresa más temida que respetada, era un poderoso avasallante. Entonces, muchos empresarios no digo que hayan celebrado, pero no se han molestado tanto con el hostigamiento a Clarín. Los políticos, obviamente, prefieren una Clarín menos poderoso, y la propia cultura empresaria de Clarín, que siempre tuvo una relación de uno a uno con los gobiernos, prescindió de las cámaras empresarias. Eso explica cierta soledad de Clarín.