El gobernador, que asistió junto a Jaldo al acto de juramento de nueve jueces, explicó que retrocedió por “un malestar público y notorio”.

Son tiempos difíciles para el Poder Judicial de Tucumán. Por eso la incorporación de nueve jueces implica un alivio, sobre todo porque la última renovación de la judicatura había ocurrido en agosto. Pero el de ayer no fue un acto de juramento más: la presencia inusitada de la plana mayor del Estado concentró la atención del público que se agolpó como pudo en el salón de actos del Palacio de Justicia. Desde la primera fila reservada para los invitados, el gobernador Juan Manzur y el vicegobernador Osvaldo Jaldo dominaron la escena presidida por la Corte Suprema de Justicia de Tucumán.

“Vine porque me invitaron”, dijo Manzur a posteriori del juramento y mientras bajaba apresurado las escaleras de los Tribunales. Jaldo lo seguía medio paso atrás. El gobernador añadió que siempre asistía a este tipo de ceremonias -estuvo ausente cuando asumieron los primeros seis magistrados que designó-. Sin detener la marcha, se refirió a la decisión -inédita en su gestión- por la que desistió de nombrar juez penal a Facundo Maggio, defensor de imputados de crímenes de lesa humanidad y sobrino político del ministro público fiscal Edmundo Jiménez. “Retiré la designación (de la Legislatura) por prudencia”, afirmó. Consultado sobre los motivos específicos de la contramarcha, el gobernador aludió a “un malestar público y notorio” sin más especificaciones.

Manzur rechazó que su presencia y la de Jaldo en la Justicia fuese un gesto de acercamiento después de seis meses institucionales tensos como consecuencia de la serie de reformas judiciales propiciadas por el oficialismo a posteriori de la emisión de una medida cautelar (devuelta e impugnada) que colocó los recibos de los gastos sociales al cuidado de Jaldo. “No hay problemas con la Justicia. Es un poder independiente y hay que respetarlo”, afirmó.

Otro cambio más

En un acto breve y solemne, juraron los jueces Pedro Stordeur, Inés Hael, Mariana Rey Galindo, Álvaro Zamorano, Guillermo Kutter, Alicia Merched, Alicia Carranza, Agustín Eugenio Acuña y Claudia Méndez. De a uno, todos se acercaron al estrado donde los esperaban los miembros del alto tribunal, Antonio Gandur (presidente), René Goane, Antonio Estofán, Claudia Sbdar y Daniel Posse, y el ministro público fiscal.

Aún con la incorporación de estos magistrados, el 20% de los despachos judiciales sigue vacante. El mes pasado, el oficialismo impulsó y obtuvo la sanción de una nueva ley de subrogancias que desplaza de las sustituciones a los jueces en funciones escogidos por la Corte o el Ministerio Público. La reforma establece que los magistrados subrogantes o precarios serán seleccionados por el Poder Ejecutivo a partir de las listas que elabore el Consejo Asesor de la Magistratura.

La trastienda del acto

El juramento de los jueces empezó con puntualidad germana. La directora de Protocolo y Ceremonial del Poder Judicial, Ana María Gollán, se aseguró de que todo estuviera listo a las 12. Minutos antes concluyó el café que compartieron los vocales de la Corte; el ministro público fiscal; el gobernador; el vicegobernador y los legisladores oficialistas Marcelo Caponio y Juan Antonio Ruiz Olivares.

En los momentos previos al inicio de la ceremonia llamó la atención la reaparición del ex ministro público Luis de Mitri (fotografía), que sorprendió con un “look” distinto al que tenía en 2014, cuando renunció para jubilarse con el beneficio del 82% móvil (fue sustituido por Edmundo Jiménez, ex ministro de Gobierno y Justicia de José Alperovich). De Mitri saludó a los integrantes de la familia judicial y se mostró sonriente: llegado el momento, se ubicó en la tercera fila del sector de los invitados, junto al fiscal Washington Navarro Dávila y a su ex relator -hoy camarista penal- Néstor Rafael Macoritto. Tuvo suerte de conseguir asiento: muchos jueces se quedaron de pie.