Fue un destacado cirujano general. Tenía 91 años.

El doctor Rodolfo Estivill fue un destacado cirujano general. Tenía 91 años y la segunda mitad de su vida la pasó en la ciudad de Mar del Plata, donde eligió radicarse para ejercer la profesión y, ya retirado, sus días de jubilado.

Viudo, sin hijos en la pareja, estos ocho años de soledad en su casa del barrio San José los compartió con afecto de vecinos, algunas amistades y familiares que le quedaban a distancia, entre ellos las dos sobrinas que esta semana habían venido a buscarlo para que viva con ellos en Capital Federal. Lo visitaban una vez por mes y con una de ella hablaba casi todas las tardes.

“Él mismo nos pidió ir con nosotras, que lo llevemos porque ya no confiaba en manejarse solo ni moverse por propios medios”, contó Nora Leydet y Valeria Cabral al diario La Nación. Las mismas lo habían acompañado a hacer el trámite de cambio de domicilio en Anses, donde Estivill decidió ponerle fin a sus días.

Es que el hombre acusaba el transcurrir de los años. Caminaba pero con ayuda de un bastón, el que dejó caer en la escalera de la UDAI de avenida Independencia para con esa mano tomar el arma y gatillarla con el caño lo apuntaba a la cabeza.

 
Nora y Valeria estuvieron a su lado durante la gestión que iniciaron a las 10 y terminaron minutos después, sin inconvenientes ni contratiempos. Era un trámite necesario para que, tras la mudanza, pudiera cobrar sus haberes en la metrópoli.

Pero ellas fueron de los pocos que estaban en esas oficinas y no vieron la dramática escena del suicidio. Entienden que su tío, con la decisión tomada, las engañó: les pidió que lo esperen en el frente del local mientras él “iba a saludar a un amigo”. Pero a mitad de la escalera, a gritos dijo: “Este es mi destino”. Y se disparó.

Cuando escucharon la detonación, ambas sobrinas pensaron en algo más cotidiano, como un robo. Casi con normalidad. Aunque la situación era totalmente diferente.

Los restos de Estivill serán velados en “La Feliz”, donde este viernes recibirán sepultura en un cementerio local, junto los de quien fuera su esposa.