El “Santo” igualó con Ferro en la última jugada y al menos dejó “Caballito” con un punto en el bolsillo.

Hay empates que valen más que un punto. Por la envergadura del rival, por las condiciones externas, por cómo se dio el trámite del partido. El agónico 1-1 que San Martín se llevó de Caballito califica en esta clase de empates.

No porque Ferro sea una maravilla de equipo, pero con sus limitaciones y todo estuvo a un par de minutos de quedar como único líder de la B Nacional. No porque el estadio Arquitecto Ricardo Etcheverría sea un reducto inexpugnable, pero San Martín suele jugar más cómodo en La Ciudadela, ahora que se acostumbró a ganar como local.

No porque haya derrochado generación de juego y profundidad en ataque, pero el “Santo”, sobre todo por lo hecho en el segundo tiempo, no merecía volverse a Tucumán con las manos vacías. Y por estas tres circunstancias, es que el empate que le permitió a San Martín cerrar una muy buena semana –siete puntos sobre nueve- se festejó largo y tendido entre las huestes de Diego Cagna.

La diferencia entre Ferro y San Martín en la etapa inicial fue ese córner de Elías Borregoque Luis Salmerón transformó en golazo de cabeza, después de que Esteban Goicochea perdiera su marca en el corazón del área. El cronómetro marcaba apenas un cuarto de hora, y el “Santo” comprendió que tendría que “remar en dulce de leche” para encontrar un poco de aire en la tórrida tarde-noche porteña.

En la media hora que siguió, ambos equipos se esmeraron en desaprovechar un puñado de contras. La más clara fue dilapidado por Matías Catalán, cuando en lugar de definir optó por lanzar un centro inocuo. La pelota volaba más por el aire de lo que corría por el césped. Y hasta que se fueron al vestuario en el entretiempo daba la impresión de que Ferro, por cómo manejaba el encuentro, estaba más cerca del segundo que San Martín del empate. Causas varias. Había individualidades en bajo nivel (Gonzalo Rodríguez, titular en lugar de Leo Acosta, pareció fuera de ritmo; Diego Bucci, con poco contacto con el balón; Daniel Dip, propenso a tomar malas decisiones; Mauro Quiroga, neutralizado por los centrales locales).

Y para peor, no se armaban sociedades que pudieran desequilibrar. En el complemento, la tendencia cambió. Quizá porque San Martín salió con más decisión y se adueñó de la pelota, tal vez porque Ferro resignó protagonismo con algunas sustituciones que lo terminaron empujando hacia su propia área.

Parecía cantado el cambio que Cagna demoró pero finalmente dispuso: ingresó Acosta por Dip, y San Martín ganó en dinámica. Unos minutos después, Víctor Rodríguez entró por Bucci, y también aportó más peso en tres cuartos.

Igual, al “Santo” no se le caían muchas ideas a la hora de profundizar y la suerte parecía echada cuando Matías García tiró el enésimo centro y una mano de un defensor de Ferro se interpuso en su camino. El árbitro Ariel Suárez no la vio, pero sí el asistente, quien corrió hacia el banderín el córner ante la incredulidad de jugadores y público “verdolagas”: no es cosa de todos los días que se cobre un penal casi con tiempo cumplido a favor de la visita, en una jugada que había sido ignorada por el juez principal.

Y Acosta, la figura del partido por lo que hizo en menos de media hora en cancha, desde los doce pasos definió bajo, a la derecha del arquero Andrés Bailo. Es cierto, si San Martín hubiera ganado se habría prendido en la pelea por el título. Pero el empate en Caballito, suma más de lo que resta.