El médico tucumano José Alberto Suárez es uno de los primeros del norte argentino que solicitó el permiso para administrar el aceite.

Fue por compasión. Por empatía. El rostro de desesperación de su paciente, que ya había probado todo lo que estaba a su alcance para frenar las convulsiones que todos los días la asaltaban hasta cinco veces. Eso movilizó al neurólogo José Alberto Suárez (30) a investigar de qué se trataba el cannabis medicinal. Y aún sabiendo que la sustancia sigue teniendo gran resistencia por parte de la comunidad médica, no dudó en abrir un expediente para solicitar que el medicamento sea importado desde Estados Unidos y así arrancar el tratamiento de su paciente.

Suárez, que es tucumano pero trabaja en el hospital salteño Papa Francisco, es uno de los primeros médicos del norte argentino que solicitó el uso del cannabis a la Administración Nacional de Alimentos, Medicamentos y Tecnologías (Anmat). La institución acaba de aprobar el pedido. Ahora sólo les resta conseguir el dinero para importarlo: el frasco de 110 mm cuesta U$S 275 (dura unos 40 días).

El “uso compasivo” es un recurso que permite comprar en el exterior e importar medicamentos que no se producen o no están disponibles en nuestro país. Para eso, se necesitan una indicación médica y la constancia de que el paciente no responde a las terapias existentes, entre otros requisitos.

El estudio del tema llevó a Suárez a promover el uso medicinal de la marihuana, algo que la ley argentina aprobó hace un mes. No obstante, el neurólogo hace una aclaración: “hay que tomarse en serio el asunto y garantizar la calidad del medicamento”.

Según el especialista, para romper con los prejuicios se necesita más información sobre los efectos terapéuticos de esta planta milenaria. “Los pacientes tienen derecho a tener una herramienta que existe en el mundo para paliar el dolor. Creo que el médico, independientemente de su postura, tiene que dar lo mejor para el paciente. Si desconoce, investigar o derivar”, opina.

– ¿Cómo empieza tu vinculación con el cannabis medicinal?

– Hace poco más de un mes. Por una paciente de 25 años que llegó al consultorio que tengo en el hospital. Ella sufre de epilepsia refractaria (resistente a los tratamientos) desde que tiene seis años. Llegó a tomar hasta 10 medicamentos anticonvulsionantes, pero le causaban muchos efectos adversos. Aunque es candidata a cirugía, se trata de una operación bastante extensa, en la cual deben extirparle un tercio de la corteza cerebral, con todas las consecuencias motrices y cognitivas que eso implica. Como tiene una hija pequeña, ella prefiere seguir intentando con fármacos. Viendo las distintas opciones, investigué sobre el tema del cannabis medicinal. Hicimos una interconsulta con el Conicet, con la doctora Silvia Kochen. Y entonces hicimos el pedido ante la Anmat para comprar el aceite de Charlotte. Se trata de un aceite con cannabidiol, que es el componente principal de la planta de marihuana y que se produce en los Estados Unidos.

– Según lo que pudo investigar, ¿se pudieron probar los beneficios de la marihuana?

– Desde 1870 se usaba esta sustancia para controlar las crisis epilépticas. Hay un trabajo en 2007 que se hizo en 11 centros de EEUU, donde se demostró que en casos de epilepsia refractaria se reducía la frecuencia de las crisis entre un 36% y un 50%.

– ¿El cannabis es una medicación que cura o sólo alivia el dolor?

– En el caso de las epilepsias mejora la calidad de vida.

– ¿Además de reducir la cantidad de crisis, tiene otro beneficio?

– Se está estudiando más en profundidad: tendría efecto antinflamatorio, neuroprotector y antioxidante.

– ¿Para qué otras patologías serviría?

– La mayor evidencia científica avala su uso en casos de dolor crónico, de vómitos producidos por la quimioterapia en tratamientos de cáncer, de epasticidad en esclerosis múltiple, aumenta el apetito en casos avanzados de sida; y sirve también para el Síndrome de Tourette.

– ¿Se sabe a largo plazo qué efectos tendría sobre el organismo?

– Todos los estudios son a 12 semanas. No se sabe a ciencia cierta a largo plazo qué produciría el cannabidol, que es el componente no psicotrópico. Sí hay más investigaciones sobre el tetrahidrocannabinol, que es el compuesto psicoactivo. Sobre el cannabidiol se conocen algunos efectos adversos, como la somnolencia, la disminución del apetito y la fatiga. A mi criterio, este tiene más beneficios que complicaciones.

– ¿Qué expectativas le genera la nueva ley que autoriza el uso del cannabis?

– Creo que es muy buena la ley. Un 30% de los epilépticos son refractarios y esta sustancia puede ayudarlos a tener una mejor calidad de vida. La administración de este medicamento a dosis adecuadas, bien controlado por un médico, con una familia que contiene y que sea responsable, puede tener muchos beneficios para los pacientes.

– ¿Y qué opina sobre el reclamo de los pacientes para que se legalice también el autocultivo del cannabis medicinal?

– Creo que así está bien la ley, sin legalizar el autocultivo. Como sucede con cualquier medicación, así como no se puede hacer en forma casera aspirinas ni antibióticos, el cannabis se tiene que manejar de forma seria, con los profesionales correspondientes en farmacia y bioquímica. Sí estoy de acuerdo en que al remedio se lo produzca en forma industrial y farmacéutica, o que lo haga una institución seria, para que se puede distribuir a un costo menor a lo que cuesta hoy la importación. Hoy muchas personas consiguen el aceite y no saben qué contiene el producto, si está contaminado, qué dosis tomar. Todo esto se debería establecer bien.

– ¿Por qué cree que una parte de la sociedad y de la comunidad médica rechaza el cannabis medicinal?

– Por falta de información. Durante muchos años se lo ha visto al cannabis como una sustancia de la cual se abusó y se olvidaron que algunos componentes de la planta también pueden tener beneficios. Cualquier fármaco que se consuma en exceso también puede ser dañino. Si uno toma un kilo de aspirina se muere. En la dosis justa cualquier sustancia puede ser beneficiosa para el organismo. Creo que el médico, independientemente de la postura que tenga, debe tratar de dar lo mejor para el paciente.

– Hay un grupo de profesionales que sienten que es un retroceso medicar con cannabis porque la sustancia no siguió todos los pasos que debe atravesar un medicamento antes de ser recetado…

– Un medicamento, desde que se genera la molécula hasta que sale al mercado, demora entre 10 y 15 años, pasando por todas las fases de investigación. Eso sería mucho tiempo. Hoy en día, que todos los médicos del mundo estamos interconectados, podemos llegar a tener la prueba suficiente de casos que precisa un medicamento para mostrar que es eficaz.

– ¿Cómo se explica que para algunos casos el cannabis sea muy efectivo y en otros no tenga efectos?

– El tema es cómo se produce este aceite hoy en Argentina. No sabemos cómo se hace, si se contamina en el proceso, cuál es la calidad que tiene. Si estuviera estandarizada la producción como sucede en Colorado, EEUU, se diferenciaría mucho la cosa. Además de eso, la efectividad de un medicamento también depende del tipo de enfermedad y de la genética del paciente. No se garantiza que sea igual en todos los casos. En el caso de mi paciente, por ejemplo, ahora tengo que hacerle un seguimiento e ir informando cómo evoluciona.

– ¿Cree que de alguna forma aceptar el cannabis medicinal es abrirle la puerta a la legalización de la marihuana para todo tipo de uso?

– No, no tiene nada que ver.

 

 

 

La Gaceta